lunes, 30 de mayo de 2016

De apariencias y calificaciones



En nuestra sociedad, calificar a alguien como “gorda” es considerado un insulto, se usa en muchas ocasiones para desprestigiar, para triunfar en medio de una discusión, incluso para restarle puntos a la autoestima de una mujer; sin embargo, decirle a alguien “flaca” puede venir cargando con las mismas intenciones y la misma rudeza, porque al igual que la gordura, se utiliza como desprestigio y rechazo, posicionando al otro como débil y enfermizo.

Hace tiempo que la mujer lucha por cubrir patrones de belleza - que nadie más que ella se ha aferrado a seguir - en la mayoría de los casos es una lucha ridícula contra la genética, contra tu propia naturaleza. A pesar de que los estereotipos estéticos se han ido modificando y ahora, más que delgadez, las mujeres buscan un cuerpo escultural moldeado por el ejercicio,  siempre existirá quien sacrifique constantemente sus antojos para alcanzar el atractivo ideal. Pero las mujeres solemos ser malas competidoras, y malas perdedoras también, porque difícilmente somos capaces de aceptar nuestra condición sin calificar la de nuestras semejantes.

Tengo años recibiendo de la gente la misma expresión, que no acepto como un cumplido, porque sé que no lo es, hace tiempo que escucho un ¡Qué flaca! acompañado de una expresión poco afable y una mirada incómoda; porque no, no todas las mujeres anhelamos y vertimos nuestra energía y nuestro tiempo buscando ser delgadas, existimos algunas que simplemente lo somos, y la anorexia, la bulimia y la vanidad, no son nuestras compañeras.

Este es un mundo de apariencias, en el que definitivamente resulta más sencillo calificar los colores, el peso y el tamaño, que escarbar un poquito dentro de la piel, donde creemos que la grasa te hace simpático y feliz, mientras que los huesos deprimido e insatisfecho; juzgamos a los demás a partir de nuestra propia realidad, sin entender que así como cada cabeza piensa y siente distinto, cada cuerpo actúa y reacciona de forma independiente, que cada cuerpo tiene una historia y memoria también. Hablamos con maestría de la apertura, de la aceptación, de inclusión, luchamos y defendemos causas que incluso nos son ajenas, pero no somos capaces de entender que todas las personas a nuestro alrededor son diferentes, hay quien es alérgico al aguacate, intolerante a la lactosa, amante del chocolate, conversador compulsivo, silencioso y pensativo, rebelde por naturaleza,  gordo o flaco,  y eso ¡qué más nos da!

Este es un mundo de apariencias, y si no nos atrevemos a ver más allá de lo que la vista nos ofrece, seguiremos luchando hasta el cansancio por ser un poquito más flacos o un poquito más gordos.

Y si alguien vuela o se estanca, no es por la ligereza o pesadez de su cuerpo, sino por la dimensión sus pensamientos, 

Lucía Olivares
@Olivareslucia



miércoles, 13 de abril de 2016

La defensa de la mujer... como mujer


La emancipación de la mujer comenzó a finales del siglo XVIII, buscando la libertad e igualdad, que en muchas regiones del mundo aún no se logra. Desafortunadamente los movimientos feministas se han centrado en la inclusión y empoderamiento de la mujer en el aspecto profesional, privilegiando la paridad en el Senado, igualdad de oportunidades laborales y educativas, así como la ruptura de estereotipos sociales que mantienen a la mujer en el hogar; claro, obviando que los patrones de belleza deben permanecer e incluso se van haciendo más rigurosos con el paso del tiempo.

El tema profesional no es menor, sino que nos hemos olvidado de los principios básicos de la libertad que se refiere a la facultad que tenemos los seres humanos para decidir; decidir, por ejemplo, en nuestro cuerpo y quien deseamos que se acerque a él. Tal vez estamos tan centrados llenando espacios que hemos olvidado luchar por defender a la mujer, no como madre, no como esposa, no como profesionista, sino como mujer.

En los últimos días la nota nacional ha estado repleta de violaciones, abuso sexual e impunidad frente a los hechos, los Porkys y los Mirreyes de Veracruz son los casos más sonados de muchos que se han olvidado o que simplemente nunca salieron a la luz. El diario La Jornada publicó este mes que al año se denuncian 30 mil delitos sexuales, cometidos principalmente a mujeres, tomando en cuenta que la violación es uno de los delitos menos denunciados en nuestro país. Hace dos años el portal de CNN citó a Pablo Navarrete, coordinador de asuntos jurídicos del Instituto Nacional de las Mujeres, quien mencionó que en México por cada delito sexual denunciado hay ocho que no se reportan.

Un aspecto preocupante del abuso sexual que las mujeres padecen en la calle, oficina o en el transporte público es que se critica con más rudeza a la víctima que al victimario; nadie nota el error y la falta que comete un hombre que se acerca demasiado al cuerpo de otra persona, que golpea los glúteos de una mujer, que grita palabras obscenas o que condiciona el salario o el mismo puesto a cambio de un favor… no, ahí nadie nota el desliz, por el contrario, sí somos capaces de diseñar historias que señalen la reputación de la mujer y que por lo tanto justifiquen el actuar del hombre; ocurre incluso en infidelidades "también ella tuvo la culpa, se dejó mucho, ya no se arreglaba" se puede escuchar entre mujeres cuando una de ellas ha sido traicionada; "¿Por qué lo permitió? bien que le gustaba", "Hubiera dicho algo", "Es que, ¿por qué se viste así?"...

De acuerdo con cifras presentadas por ADIVAC (Asociación para el Desarrollo Integral de Personas Violadas A.C.), se estima que en México cada nueve minutos se violenta sexualmente a una persona.
Quizás nos perdimos en el orden jerárquico, porque de nada nos sirve ganar lo mismo que el hombre y ocupar la misma cantidad de lugares en una oficina, si seguimos recibiendo el mismo trato que un objeto.



Lucía Olivares
@Olivareslucia







jueves, 18 de febrero de 2016

Si los sueños se escribieran…



Si los sueños se escribieran…

Si amaneciéramos con una hoja en la mesita de noche… habría más historias de ficción que programas de televisión…

Si los sueños se escribieran…

Podríamos revisar los temas pendientes, a la mañana siguiente, y despertar sin memoria, ni presión en los dientes.



Esa locura de perder los sentidos, de ponerlos en pausa, cerrar los ojos, apagar la luz y ensordecer por un tiempo; recrear entonces un sinfín de imágenes yuxtapuestas, desordenadas, sin origen, sin conexión; y en la inconsciencia volar, pero volar sintiendo, incluso el golpe al aterrizar.

Soñar viviendo una realidad alterna y escuchar un te amo de quien despierto nunca encontrarás, abrazarlo fuerte y reconocer la textura de su suéter amarillo en tu mejilla. Caminar por calles empedradas que desgastan tus zapatos favoritos, aunque no los tengas. Ver caer tus dientes en el baño, todos juntos sin explicación, y sonreír sin gracia en el espejo de un elevador; acariciar su pelo posando tu mano sobre la nuca, como si lo hicieras siempre, como si ese fuera un lugar común… aunque nunca lo hayas hecho, aunque nunca lo vayas a hacer.

Manejar a velocidades inimaginables, ser cómplice de caras conocidas, renunciar al trabajo, comer enormes trozos pastel, ver tu piel cambiar de color, odiar a los que más quieres, volar al intentar correr, ver ese rostro decirte te amo, ver esos labios pedirte perdón, sentir ese abrazo de reconciliación, quedarte en el mismo sitio al avanzar, descubrir la ansiedad de un grito enmudecido y despertar con un golpe entre la madera y tu piel…
Soñar, esa locura de poner los sentidos en pausa y reconstruir.



Si los sueños se escribieran…

Seríamos eternamente un amante nocturno, un ave aventurera, un adolescente desmedido, un chimuelo desesperado y un loco millonario.

Si los sueños se escribieran…

Tendría sus palabras escritas con tinta y las releería todas las noches para volver a soñar.

Si los sueños se escribieran…

Tiraría todas las plumas al suelo para no manchar las hojas con la absurda realidad.







Lucía Olivares
@Olivareslucia

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Somos el cielo y el infierno


Según cuenta un antiguo relato japonés, un belicoso samurai desafió en una ocasión a un maestro zen a que explicara el concepto de cielo e infierno. Pero el monje respondió con desdén: "No eres más que un patán ¡No puedo perder el tiempo con individuos como tú!"
Herido en lo más profundo de su ser, el samurai se dejó llevar por la ira, desenvainó su espada y gritó "Podría matarte por tu impertinencia".
"Eso”, repuso el monje, "es el infierno".
Desconcertado al percibir la verdad en lo que el maestro señalaba con respecto a la furia que lo dominaba, el samurai se serenó, envainó la espada y se inclinó, agradeciendo al monje la lección.
"Y eso", añadió el monje, "es el cielo":



Lucía Olivares.
@Olivareslucia

Somos almas de purgatorio, disputándonos un lugar entre el cielo y el infierno, movidos por nuestras emociones, estereotipándonos unos a otros por lo que decimos, por nuestras reacciones, por la manera en que nos hierve la sangre; hundiéndonos en los peligros de las pasiones o de los impulsos incontrolables.

No somos buenos, ni malos, somos el resultado de lo externo con lo que llevamos dentro, somos química; seres compuestos y complicados.

Somos historia y no está de más decir que lo fuimos… somos; así como somos, también, lo que seremos.
Soy historia desde la concepción hasta mi muerte, y llevo el tatuaje de las formas; de la forma en que mis padres me hablaron, de la forma en que aprendí a caminar, de la forma en que conseguí mi primer empleo, de la forma en que amé y me amaron; la forma en que eduqué a mis hijos, la forma en que viví la vejez y mi soledad. Todos hacemos lo mismo, estudiamos, trabajamos, amamos, comemos, la diferencia es cómo lo haces.

Somos una historia aislada, perdida, flotando entre la vida, complementando los tramas de otros, a veces destrozándolos, pero escribiendo siempre, siempre, aun cuando te quedes sentado en casa mirando girar el ventilador.

Fuego con fuego, quema; el fuego con agua se debilita; y el agua sola, tan indefensa y claridosa puede estropearlo todo. Somos materias distintas, con el poder escondido, con el poder incrustado en el punto más débil y delicado de cada ser. Somos fuertes en el hígado, en el corazón, en el estómago, en los pulmones, en la garganta. En nuestra debilidad está la fortaleza y en nuestra fortaleza la debilidad; por eso estamos ahí disputándonos un lugar en el cielo y el infierno, volviéndonos locos de emociones, queriendo a unos y aborreciendo a otros; por eso estamos aquí sintiéndonos incomprendidos, desesperados, ansiosos, con ganas de que otros sientan lo que estamos sintiendo.

El ser humano es la historia más interesante que existe, porque es única, porque es real, porque es continua, escrita por muchos y editada por el baúl de las memorias.


Somos historia, la más mágica de todas…



viernes, 18 de diciembre de 2015

¿Qué piensan las mujeres antes de dormir?


Lucía Olivares.

Qué piensan las mujeres antes de dormir… si es que dormir está en su lista de deberes, o será que pensar es la eterna y homicida actividad de las noches, de la cama, de los amaneceres…

“Las noches habitadas” de Alma Delia Murillo, habla de cuatro mujeres con insomnio, causado por distintas preocupaciones: la obesidad, la inexperiencia, los celos, inseguridades, tristeza, depresión, el trabajo, los hijos, el esposo, los amantes. La mujer contemporánea vive un mundo en el que es posible elegir, pero elegir significa renunciar y de la renuncia viene el reproche y del reproche el lamento y del lamento la ansiedad, la angustia, la desesperación. 

Claudia, casada con un hombre exitoso y una hija talentosa, se pregunta día y noche por qué dejó su profesión para convertirse en ama de casa, para servir a alguien más. Magdalena, la mujer de negocios, guapa, sexy, inteligente, está harta de los viajes y compromisos laborales, de llegar a casa y que nadie la reciba, de vivir sola y de alimentar su alma con amores pasajeros, de ser la querida de todos, aunque nadie la quiera.  ¿Algún día estaremos conformes? ¿Para qué tanta libertad si nos iban a generar estos vacíos existenciales, esas horas disfrazadas de lustros, esos relojes estáticos, esa realidad insatisfecha?

¿Eres Claudia? ¿Eres Magdalena? ¿O eres Carlota, la que se ve y no se gusta, la que se compara, la que reniega de su físico, la que quiere cambiar y no puede, la que aún no se conoce, la que sufre porque aun levantando la mano nadie la ve? ¿Tú quién eres? ¿Qué te quita el sueño?

Amar con ansiedad es amar mil veces, de una manera extrema e inquietante, es aferrarse a un amor duradero, es poner los ojos en todas direcciones y volar, atrapar, imaginar. Amar con ansiedad es angustiante, es como una manta que rodea tu cuerpo, es atraparte en algo vaporoso y dulce… Amar con ansiedad es pensar, día y noche… es pensar.

Qué piensan las mujeres antes de dormir… o cuando el sueño se ha interrumpido. ¿Qué piensan las mujeres mientras el bebé está llorando, mientras el marido ronca, mientras el novio está perdido, mientras el novio es imaginario? ¿Qué piensan las mujeres cuando quieren brillar y se sienten opacas, cuando están cansadas?
¡Qué piensan las mujeres cuando el despertador suena y no han dejado de pensar! ¿Qué piensas cuando ves tus ojeras en el espejo y por más que intentas no las puedes ocultar?

Hay mujeres como Dalia que se despiden de la vida porque se han cansado de luchar, pero hay mujeres que se aferran a la vida, se aferran a su cama, se aferran a sus sueños y que logran descansar.




sábado, 12 de diciembre de 2015

La sufrida de Frida

“Yo sufrí dos graves accidentes en mi vida: uno en el autobús que me tumbó al suelo… El otro accidente es Diego Rivera” Frida Kahlo




La primera artista mexicana en exponer en Paris; conocida por una vida trágica, llena de dolor y agonía, rodeada de importantes figuras de talla internacional, enamorada de su maestro, Diego, a quien le perdonó todo y de quien en silencio muchas veces se vengó.


Lucía Olivares.


La Casa Azul de Frida Kahlo, en Coyoacán, es uno de los museos más concurridos del país, recibe alrededor de 200 mil personas al año; un dato revelador es que ocho de cada 10 visitantes son extranjeros, lo que demuestra que es la artista latinoamericana más reconocida a nivel mundial. Más allá de los majestuosos y amplios jardines, de la arquitectura y el apego a sus raíces que se ponía de manifiesto en todas sus pertenencias, la propiedad encierra misterio, el misterio de una pareja de creadores que ganaron popularidad y reconocimiento en vida, contrario a lo que ocurre con la mayoría de los pintores en el mundo.


Su infancia interrumpida
“Hay algunos que nacen con estrella y otros estrellados, y aunque tú no lo quieras creer, yo soy de las estrelladísimas…”
La infancia de Frida estuvo marcada por una sucesiva serie de enfermedades, a consecuencia de la poliomielitis que contrajo a los seis años de edad; esto la obligaba a permanecer en cama por largos periodos de tiempo, dejándole como secuela una pierna más delgada que la otra, además de una soledad inducida, le era complicado acercarse a otros niños, algo que en muchas ocasiones plasmó en sus lienzos.
En 1922 ingresó a la Escuela Nacional Preparatoria de la ciudad de México, dónde conoció a quienes serían los futuros intelectuales y reconocidos artistas nacionales. Sin embargo, el verdadero parteaguas de su vida habría sido a los diecinueve años cuando vivió uno de los más grandes accidentes que la marcarían por completo; el autobús  en el que viajaba colisionó con un tranvía, dejando a la pintora con graves fracturas de columna, clavícula, pelvis y costillas, su pierna derecha se fracturó en once partes y un pasamanos le atravesó desde la cadera hasta salir por la vagina, ella decía que esa fue la fría y atroz manera de perder la virginidad; Frida se sometió a 32 operaciones quirúrgicas que la obligaron a permanecer en cama y fue precisamente ahí, en su cama, para abatir el aburrimiento, que comenzó a pintar. Pintaba autorretratos, se plasmaba a ella y sus ininterrumpidos obstáculos para ser feliz.


El amor de Diego: El elefante y la paloma
Decir en todo es imbécil y magnifico. DIEGO en mis orines- Diego en mi boca- en mi corazón, en mi locura, en mi sueño…

Cuatro años después del accidente y con la intención de mostrar sus primeros trabajos, Kahlo buscó al muralista Diego Rivera en el edificio de la Secretaría de Educación Pública donde trabajaba realizando una serie de obras en los muros del lugar; Diego ya poseía fama y reconocimiento, no solamente como artista, sino como conquistador de mujeres, el típico Don Juan del mundillo cultural de México, y a pesar de las habladurías y de la diferencia de edad, Frida y Diego decidieron contraer matrimonio el 21 de agosto de 1929.
Su relación fue tormentosa, llena de infidelidades y desengaños, aunque también plagada de oportunidades y popularidad. Rivera era de esos hombres que se pueden adjetivar como “terroríficamente atractivo”, un hombre con cara de sapo y cuerpo de elefante, pero con el talento e ingenio que hacía perder la razón a cualquiera, principalmente a las mujeres de sociedad o a las más intelectuales del país. Frida lo sabía todo y lo plasmaba todo, así como su primer aborto que la dejó desconsolada y con ese sentimiento de soledad recurrente que la perseguía desde niña. Frida tomaba de cada experiencia o de cada desdicha, un motivo inspiracional para su obra, como lo fue “Henry Ford Hospital” y “Frida y el aborto”, donde dejó de manifiesto lo que por su cuerpo y su mente ocurría.
A pesar de las infidelidades y de la “mala vida” que Diego aseguró haberle dado a Frida, él siempre habló de ella como su gran y único amor; se convirtieron en un dúo misterioso y admirable, críticos y directores de trabajo del otro. Rivera solía describir a Frida como “ácida y tierna, dura como el acero y delicada como el ala de una mariposa. Adorable como una bella y profunda sonrisa y cruel como la amargura de la vida”, vida que él le había ayudado a vivir.





Su sexualidad
“Donde no puedas amar, no te demores”

Buscaba el amor en todas partes, para debilitar un poco de su sufrimiento, por eso no le negaba el afecto a nadie, era bisexual y al descubrir que entre las infidelidades de Diego se encontraba su hermana Cristina, la menor y más cercana a la artista, decidió vivir sus encuentros sexuales sin temores y aspavientos. Ambos se sabía infieles, ambos se celaban, pero también se perdonaban y respetaban su libertad.
Entre la lista de amantes de Frida se ubicaba Leon Trotsky, Chavela Vargas y Jaqueline Lamba, quienes fueron inquilinos de Frida y Diego en su casa de Coyoacán. A la lista se agrega el pintor alemán Heinz Berggruen, el fotógrafo estadounidense Nickolas Muray, el escultor Isamu Noguchi y José Bartolí.
Ahora, a Frida se le conoce como figura máxime del feminismo en México, por superar la tendencia machista de su tiempo y por su fortaleza ante el dolor; aunque hay quienes critican su postura permisible que llevó la libertad a libertinaje, usando el matrimonio como un puente profesional y no como un lazo de amor basado en el respeto. Frida fue una mujer impositiva, con una personalidad tan fuerte que llegaba a ser imitada en el resto del mundo; una mujer con una fortaleza externa impresionante, sin embargo en su obra muestra la debilidad interna que no la dejaba dormir.


El mundo y el apogeo
Yo aquí en Gringolandia me paso la vida soñando con volver a México.

Uno de los mayores logros y emblemas de la pintora mexicana fue exponer sus pinturas en el Museo de Louvre, en Paris, por una invitación del artista André Breton, mismo que la llevó a exponer a Nueva York. Frida era una figura imponente por su marcada identidad mexicana en todo lo que llevaba puesto y en todo lo que representaba. Actualmente, el rostro de Kahlo se ha convertido en un emblema, tal como la lengua de Kiss en las playeras negras,  o la bandera de Estados Unidos en los trajes de baño; la imagen folclórica de Frida se ha vuelto tan comercial que ya no se ve únicamente en los museos y galerías, sino en los escaparates de importantes marcas europeas, en boutiques y tiendas de ropa en línea, como símbolo de rebeldía y al mismo tiempo de distinción, esta tendencia representa en los diseñadores una manifestación del empoderamiento de la mujer. Ahora el rostro de Frida funciona, en muchas áreas, como un producto más de la mercadotecnia.
Lo cierto es que, en vida, Frida Kahlo no siguió ninguna tendencia, fue viviendo así como le fuera posible, con sus accidentes, sus estrellas, sus amores, con sus obras y con Diego.








sábado, 12 de septiembre de 2015

Mujeres de postal



Por muchos años la única tarea que desempeñaba una mujer era ser esposa y madre, ese ha sido el principal estereotipo que el movimiento feminista ha querido destruir, desarrollando otro incluso más demandante y exigente, el de la mujer trabajadora y exitosa, madre, deportista, guapa, ocupada de su familia, con conocimientos de nutrición y gastronomía; ese contra estereotipo visible en anuncios y programas de televisión es también una carga pesada.

Lucía Olivares.


Un joven estudiante de periodismo realizaba una entrevista vía telefónica a una investigadora de renombre que vive en la ciudad de México; ella le habló de su profesión, de los estudios recientes que había publicado, de los tres idiomas que domina - además del propio -, de su gusto por las artes que la había llevado a exponer su obra pictórica en una de las salas más importantes de la ciudad y como dato adicional, de su familia.
Sorprendido por la cantidad de actividades de aquella mujer y por la exigencia de las áreas en las que se desempeña, a Mario sólo le restó una pregunta: No entiendo, ¿Cómo le hace?
A lo que ella respondió: Siempre voy despeinada, como en tuppers y tengo ojeras; con una sonrisa en los labios que no se veía, pero se escuchaba.

Luego de esas declaraciones y el impacto que en él generaron, Mario decidió darle otro giro a su reportaje, hablar de las mujeres que trabajan, de su incursión en el ambiente laboral, los retos y el equilibrio entre la casa y la oficina.



Las mujeres que trabajan

En México, la participación económica de las mujeres – mayores de 15 años y con al menos un hijo – es de 44.1%, de las cuales casi el 98% combina el trabajo con el quehacer doméstico, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo.
Recientemente, el INEGI junto al Instituto Nacional de las Mujeres elaboraron la Encuesta Nacional sobre el Uso del Tiempo, la cual arrojó que las mujeres trabajan más que los hombres, dedicando cerca de 92 horas semanales al trabajo del mercado y del hogar.
Cifras de dicho sondeo apuntan que a partir de los 25 años las mujeres dedican más de 20 horas, en promedio a la semana, a las labores del hogar, que desde los doce años se aprenden como un requisito indispensable de la feminidad. No es casualidad que luego de la primera sopa de arroz exitosa algún miembro de la mesa exprese con orgullo la famosa frase: “Ya te puedes casar”; tampoco es casualidad que los niños jueguen con pelotas, carritos y pistolas de agua, mientras las niñas preparan un pastel en su cocinita o arrullan a un bebé en sus brazos.
Por muchos años la única tarea que desempeñaba una mujer era ser esposa y madre, ese ha sido el principal estereotipo que el movimiento feminista ha querido destruir, creando otro incluso más demandante y exigente, el de la mujer trabajadora y exitosa, madre, deportista, guapa, ocupada de su familia, con conocimientos de nutrición y gastronomía; ese contra estereotipo visible en anuncios y programas de televisión es también una carga pesada.



Retos de la mujer trabajadora

El principal reto al que se enfrenta la mujer profesionista es la coordinación entre el trabajo y la familia, sin embargo, esto no le corresponde únicamente a ella, sino también al gobierno y las empresas, que de acuerdo a las modificaciones de la Secretaría del Trabajo, deben ofrecer prestaciones laborales distintas como jornadas de trabajo más reducidas, horarios flexibles y permisos por maternidad, que ronda en las 12 semanas con goce de sueldo.
Otro desafío es incursionar en áreas donde una mujer no es bien recibida, a pesar de la supuesta apertura de la época. Según PageGroup la mayoría de las mujeres trabajadoras se ubican en el área de ventas y las profesiones más comunes del género (que además son las peor pagadas) son psicología, educación y enfermería, es decir, lo que ya se hacía en casa, los conocimientos básicos que un ama de casa pone en práctica con los miembros de su familia.
Los logros profesionales de una mujer, comúnmente se ven mermados por un tema sexista, que no es otra cosa más que un pensamiento medieval traído a la modernidad; ocurre en ambos casos, se critica la escalada laboral de una mujer dando por hecho que fue ayudada por un hombre, así como quien sube de nivel socioeconómico cuando contrae matrimonio. A la mujer - o entre mujeres - le cuesta aceptar que es capaz crecer por sí sola.



Rompiendo estereotipos

Fue hasta 1955 que la mujer mexicana pudo emitir su voto, esto es sin duda un fuerte parámetro para imaginar las limitaciones de género antes de esa fecha. Aquella que deseaba acercarse a la
ciencia o a la literatura, tenía, en cierta parte, que renunciar a su condición de mujer, como es el caso de Sor Juana Inés de la Cruz, que enamorada renunció al amor, con el afán de poseer un derecho humano: el conocimiento.
No genera extrañeza que Disney, la compañía divulgadora de los mayores referentes sexistas, haya incluido en su cartel de películas a una mujer valiente, aguerrida, ágil y sacrificada que tuvo que disfrazar su cuerpo para mostrar esas características que también son propias del género, pero que por mucho tiempo se anularon: Mulán, la única princesa que ha salvado a su príncipe. Esta leyenda china, surge a partir del poema de Guojian Chen “Balada de Mulán” que precisamente aboga por la igualdad de géneros. Cuando ves una pareja de liebres correr, ¿Quién podrá distinguir entre el macho y la hembra?



¿Y ella dónde?

La situación lejos de mejorar, cada día es más pretenciosa…
La mujer en sociedad debe estar en perfecta armonía con la belleza; son características distintas entre géneros lo que potencian su incursión o relevancia en un grupo, mientras en los hombres la posición económica es el principal factor, además de la “triple f” (feo, fuerte y formal), a la mujer le corresponde la “triple b” (buena, bonita y barata), que entre broma y broma describe a la dama idealizada de todos los tiempos.
Se habla de un descuido físico cuando ya no encuentras esos quince minutos extra para secarte el cabello y coordinar el barniz de las uñas con la ropa, o cuando tienes que cancelar la visita al ginecólogo y llevar a cuestas un problema de fertilidad; cuando intentando ser esa súper mujer de los anuncios de televisión, te quedas en la línea entre lo que “deberías y no deberías ser”.
Detrás de los escritorios de esas mujeres que trabajan por necesidades distintas, detrás de la figura exitosa o la dureza de un trato, hay una historia, donde persiste el miedo a las llamadas de la guardería y donde el horario de salida es en realidad el inicio de una nueva jornada.
Esas mujeres hermosas, que comen sano todos los días, que son directivas de una empresa, que llevan los tacones sin cansancio y el pelo perfectamente acomodado, no existen, como dijo Alma Delia Murillo, autora de “Las noches habitadas” durante la presentación de su libro en Torreón, y si existieran, eso sería una pesadilla.



A Mario se le fue el tiempo documentándose sobre su tema en un café internet a varias cuadras de su casa, salió cuestionándose cómo luciría su entrevistada más allá de la foto de estudio que aparece en internet cuando tecleas su nombre, cómo serían sus hijos, cómo sería su vida…

El joven regresó a casa pasadas las once de la noche; su mamá lo esperaba en la cocina, con el plato servido junto a una jarra de agua fresca. Mario se detuvo a mirarla con una sonrisa, despeinada, comiendo en un tupper y con ojeras.