viernes, 17 de agosto de 2012

Ejercicio en A


Apenas alcanzaba a acariciar aquella atractiva acompañante; aunque aparentaba amistad, alteraba al actuar apasionado a Alfonso, alzando alegría al aire agitado, alivio apaciguado.

Antes aguador, ahora abogado, antes aborrecido, ahora adorado. Alfonso ama aquella acompañante altiva, anémica, arrogante, al árbol adorna abnegado, afecto abolido, abominable amor a Alondra, antigua amiga, achacoso amor. Anteriormente abría alas al aparecer airosa Alondra, anonadado apreciaba aquella alma ahora apagada… aquella abertura anestesiante, antes amiga, ahora… áspera acompañante.

Acercándose a aclamar abrazo, acomoda angustiante acontecimiento, actores amorosos admirados, actores aguerridos al atemorizar.

Aquel afecto ancestral, aromatiza aborrecimiento acuchillando al amor.
Lucía Olivares
@Olivareslucia

sábado, 28 de julio de 2012

Hasta olvidar...


Podemos aferrarnos a olvidar aquello que anidó en nuestra cabeza y hospedamos sin permiso en el corazón, pudiera dedicarle días enteros, incluso inventar ejercicios, seguir estrategias y cambiar su nombre por otro para no traerlo siempre en los labios.

En la vida y en el tiempo podemos conocer, recordar y olvidar muchas cosas; definitivamente lo más hermoso es conocer, la melancolía podría cubrir los recuerdos y el olvido lo trae la libertad… ¡Lástima de ataduras!

Pero como dice Carlos Ruiz Zafón, un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia, y es que hay cosas que deseamos tanto, por las que luchamos tanto o que simplemente amamos de una manera inexplicable que se imprimen en tu mente convirtiéndose en una imagen indestructible. Podría dedicarle años, vida a su olvido, a su olvido o a cualquier otro,  o podría decirle adiós y conservarlo en mí… conservarlo mientras me conserve, mientras respire.

Quizás no importe lo que alguna vez haya hecho por mí, lo que haya dicho o peor aún… lo que haya escuchado; eso, eso puedo borrarlo si quisiera, pero hay marcas permanentes, aquello que inspira, aquello que te permite soñar, aquello que con tan sólo estar puede transformarte.  Aquello o aquel que te hace sentir de una manera distinta con seguridad te abrigará durante un par de meses, un par de años; pero quien une en mí la cabeza, el corazón y las palabras, tiene la certeza de una habitación con cerradura en este hostal.

Quien ha inspirado esa conexión… no se olvida.


Lucía Olivares.
@Olivareslucia

domingo, 8 de julio de 2012

La voz.


En un lugar apartado del ruido, edificios, aparatos electrónicos y de la contaminación, vivía un joven muy poderoso, su nombre era Hugo, el príncipe Hugo. Era dueño prácticamente de todos los bosques de su país, no le gustaba la política así que dejaba que el presidente, elegido por mayoría, se encargara de los asuntos de la nación; a Hugo únicamente le gustaba cabalgar mañana y tarde, esperando como buen príncipe que algún día una bella doncella se apareciera en su camino, indefensa, hermosa, torpe y dulce al mismo tiempo, se asombrara por su majestuosa posición y lo siguiera hasta convertirse en su esposa; así que todos los días en punto de los ocho de la mañana Hugo salía del palacio con Homero (su caballo) y al no encontrar nada descansaba un rato para regresar al bosque luego de las cuatro de la tarde… todos los días.

Cuando Hugo volvía a casa, entraba a su recámara y antes de dormir se miraba en el espejo; su belleza era admirable, sus cejas eran los sombreros más elegantes para aquellos ojos tan apuestos, negros y profundos como sus frustraciones, su nariz era un juego simétrico, la escuadra de noventa grados con más vida que un jazmín, sus labios eran la representación de la duda y el deseo, y sus manos duras simulando la respiración de la fuerza y el pudor. Pero Hugo no entendía porque no podía encontrar el amor, estaba solo y con mucha riqueza por compartir; no hablaba con nadie, con Homero únicamente, él era quien conocía el mayor de sus atributos… su voz.

Una mañana cualquiera, Hugo despertó, tomó un ácido jugo de toronja y montó a Homero, comenzaron el paseo como todos los días y al querer dar unas indicaciones se dio cuenta de que no podía hablar, ¡No le salían las palabras! Homero hizo un gesto de protección e intentó seguir el camino de siempre, pero de un momento a otro comenzaron a escuchar estruendos, el pasto se convirtió en cemento y los árboles en edificios… habían llegado a la ciudad. Hugo estaba sorprendido al ver tantas luces, tantas mujeres por las calles, ruido, coches, todo le parecía extraño, quería regresar a casa pero no tenía manera de decírselo a su caballo, así que Homero anduvo por un largo rato siguiendo un terrible sonido hasta llegar a una zona muy obscura donde se encontraban  las vías del tren, se detuvieron a mirarlo hasta que se convirtiera en la casa de dos pequeñas hormigas; Homero dio media vuelta y escuchó la voz de su amo… Hugo también la escuchó.

¡Era ella!, era la voz de Hugo, pero el sonido no salía de sus labios.

Homero comenzó a caminar buscando el origen de aquello que se convertía en melodía, se detuvo junto a un túnel y escuchó palabras cubiertas en terciopelo, la gravedad del te odio diciendo te amo, la fuerza de un relámpago acariciando el rostro, la profundidad del pensamiento callado y la inquietud mezclada en melancolía.  El eco de su voz maximizaba el sentimiento, envolvía en una sábana de seda color lila, incluso lo más pesado parecía frágil  y lo diminuto se volvía entero.

De repente, toda aquella zona obscura estaba cubierta de gente, entre suspiros y rostros atentos se encontraban Hugo y Homero, viendo como algunos decidían sentarse a escuchar aquellas palabras dulces aderezadas con sal que transportaban a una dimensión mágica y pasional.

Y por si fuera poco… hace días que no te veo.

Susurrando en tu silencio, acariciándote en la ausencia.

Y por si fuera poco… hace días que no me miras,

Recordando en lejanía, adornándome sin vida.


Hugo estaba tremendamente confundido, cómo era posible que su voz surgiera de otro lugar, que las mujeres estuvieran atentas a algo que no ven, a un hueco fundido en negro de quien no conocen apariencia. Luego de algunos minutos la voz concluyó y la muchedumbre se levantaba con pesadez, algunas incluso cubiertas en lágrimas, suspirando, lamentando que el recital terminara.  Hugo y Homero esperaron a que todos partieran; la obscuridad era total y luego de un par de minutos se hizo presente una queja seguida de un bostezo gigante, un hombre salía de aquel hoyo negro mientras estiraba sus brazos, sólo pudieron verle por detrás, era fuerte.

El hombre atravesó las vías del tren y lanzó una carcajada ensordecedora dejando una estela que parecía ahorcar a Hugo y a su acompañante, luego de esto sintieron de nuevo el silencio y Homero decidió buscar el camino a casa. Anduvieron hasta que el cemento se convirtiera en pasto y los edificios en árboles.


A Hugo le robaron la voz, le fue arrancaba sigilosamente por un hombre del que no se conoce rostro, un hombre que se oculta en la obscuridad, un hombre misterioso que eriza la piel de quien lo escucha, un hombre que hace eco con su risa, un hombre que habla y calla…cuando debe callar.  

Hugo nunca encontró a su doncella; siguió esperándola en el mismo bosque, en el mismo camino y aquella majestuosa voz siguió enamorando multitudes desde la obscuridad de un túnel.
A esa voz le faltaba un rostro como el de Hugo y a Hugo le faltaba la pasión de su voz.

@Olivareslucia
Lucía Olivares.

lunes, 2 de julio de 2012

Actitud que sume.


No sé si el resultado de este primero de Julio fue el mejor, y si el nombre hubiera sido otro, la afirmación sería la misma. Creo que muchos mexicanos se encuentran en la misma posición; tal vez sólo los miembros activos de los diferentes partidos políticos y las personas que trabajaron o trabajan directamente en estas campañas son quienes conocen el verdadero beneficio al triunfo. Pero la decisión está tomada.
Vivimos un proceso, una etapa de crítica, de denuncia, de participación, de rebeldía, de información y sobre todo de investigación y análisis;  salió a flote la indignación de los jóvenes, esa inquietud, preocupación y ocupación que se creía inexistente, que se pensó no entraba en nuestro rubro, esa valentía que se creía pasada.
Ahora se ha elegido al grupo que representará a nuestro país, pero ese grupo no deja de ser minoría en comparación al total de mexicanos.

Olvidemos las caretas, las burlas, los encasillamientos que hemos destinado a cada candidato; dejemos de hablar ya de las características físicas, de los spots,  del acento, de las oportunidades, de los triunfos o derrotas; dejemos ya de adornar ridículamente a estos ciudadanos que buscaban (para bien o para mal) representarnos… eso ya no suma. No suma y sí, si resta, porque nos desvía de lo verdaderamente importante. Las imágenes, frases y demás muestras de desaprobación ya no cambiaran la decisión que el país ha tomado, ya no. Es maravilloso manifestarse y utilizar nuestra creatividad característica como medio, pero pensemos en creatividad constructiva, enfoquemos nuestras inquietudes en lo que sigue, en lo que aún es incierto e iremos descubriéndolo como protagonistas, no como espectadores.

Si nos convertimos en mejores ciudadanos estaremos formando un mejor país. Nuestra responsabilidad es exigir lo mismo que estamos dando.

@Olivareslucia

jueves, 28 de junio de 2012

Tu amiga la paciencia


¡Usted está seriamente equivocado! … fueron las primeras palabras que encontré al abrir de golpe un libro de Walter M. Germain titulado “El poder mágico de la mente”. Sí, sin lugar a dudas estaba en busca de respuestas y no fue precisamente lo que encontré.

Le llamamos psicología barata, nos reímos de ese tipo de libros y peor aún… de quien los lee, pero finalmente, la mayoría de nosotros hemos recurrido a ellos en algún momento de nuestra preciada existencia. Algunas personas son egoístas, otras avaras, despectivas, miedosas, crueles, flojas, superficiales, tercas, algunas son impacientes… como yo.

“¡Lucía! Quieres comerte el mundo”, pues sí, si me lo quiero comer y estoy pensando seriamente que me falta espacio para tenerlo todo conmigo. “¡Lucía! Hay más tiempo que vida”, ¿Perdón? ¿Cómo va haber más tiempo que vida? Veamos… la lógica indica que la vida se compone de tiempo y el tiempo que tengas será tu vida, así de simple. “¡Lucía! No corras, no sabes lo que pueda pasar mañana”, ¿Qué ridículo no? Así, o más trillado; por qué no entienden que si no corro ¡No voy a llegar!, sino corro… ¡No voy a llegar!

Hace un par de días salí a caminar por primera vez; en lugar de ver fachadas y coches, vi rostros, dije adiós y hola muchas veces, y después de mi encierro, de mis dolores de cabeza y mis interminables planes adornados matemáticamente… me sentí feliz… pero volví a pensar.

Y sí, sí quiero comerme el mundo, es una realidad, pero también sería importante disfrutar de esa comida, de la dulce gala a la que fui invitada y si me regalan el tiempo andaré a la par de mi vida. Siempre he dicho que si no corro no voy a alcanzar mis metas, eso me ha mantenido preocupada, pero hace un par de días salí a caminar por primera vez, por primera vez teniendo veintiún años; hace un par de días salí a caminar con ritmo, con decisión y si llegué… ligeramente cansada y con ideas frescas.

Si seguimos con frases trilladas recordamos que el que se enoja pierde, que el que espera desespera y el desesperado muchas veces se da por vencido.

¿Y si caminamos con paso firme todos los días?

Lucía Olivares
@Olivareslucia

miércoles, 16 de mayo de 2012

Un país que no conoce su riqueza


Lucía Olivares.

Un país con identidad que desea convertirse en otro, un país que no conoce su riqueza, su potencial, sus alcances y desea tener los del otro. Un México que se ha ido haciendo pequeño por errores de nuestros gobernantes, un México que en una ocasión cedió parte de sus tierras y ahora sigue permitiendo que el norte se vuelva ajeno al México real. Si bien existe una dependencia económica fuerte, también existe una dependencia cultural innecesaria, basada en una adulación ridícula, basada en el escaso conocimiento propio.

Fácil sería decir que la mayoría, o todos nuestros problemas se deben al mal manejo político del país, tal vez en parte sea cierto, y lo hemos permitido precisamente porque no conocemos nuestro valor y peso como ciudadanos, como miembros de nuestra nación.
         De México se dicen muchas cosas, yo estoy de acuerdo en la parte del conformismo, del cómodo, porque por muchos años hemos permitido, hemos “dejado” que unas cuantas personas hagan todo por nosotros, unas cuantas personas que si bien han decidido trabajar por el país,  no tienen ni todo el poder, ni toda la razón, mucho menos toda la capacidad; eso sí, lo sabemos, lo criticamos, lo divulgamos… y nada más, aunado a las permanentes comparaciones con el país vecino, el rico, el poderoso, el país de las oportunidades. Creo que ahora sí es justo y necesario crear conciencia y cambiar tan malos hábitos que hemos apropiado los mexicanos, la mayoría de ellos causados por la ignorancia, por la comodidad, por mediocridad y por seguir siendo dependientes. Somos una sociedad rica en cultura, una sociedad sumamente creativa, pero una creatividad perdida, dispersa, cómica y burlesca, no una creatividad que aporte, que genere cambios fuertes y reales, nos hemos convertido en una sociedad de espera y esto ahora ya no está permitido.

domingo, 29 de abril de 2012

Somos tantos


... somos casi todos, casi iguales. Cascos multicolores, algunos altos, otros bajos,  algunos forrados finamente en piel, otros que además de forro incluyen el relleno; grandes sonrisas, grandes ojos turquesa que se van obscureciendo, palabras bruscas envueltas de ternura, rostros suaves… nuevos y otros que suavemente se han diseñado al andar. Algunos hoscos, algunos dulces, algunos…

Somos tantos… somos casi todos, casi iguales; fruto si bien del amor, si bien de un momento, un momento exacto que habría de repetirse para formar un lazo de protección, para formar una telaraña, para formar una familia.  Dos personas que algún día tal vez ya olvidado se miraron por primera vez y después, ese amor, esa elección, esa unión, o como tu filosofía decida llamarlo, bordó un tejido irrompible e infinito. Un tejido en el que ahora eres la hebra más larga y movible, quizás tu elijas la caída de la falda, quizás le cambies el color,  quizás la textura sea diferente.

 La leyenda dice que  todo empezó el día en que el hombre y la mujer sintieron vergüenza, de su situación, de su cuerpo, del sentir. Todos comenzamos a tejer, algunos basados en el amor, otros en la conveniencia, obligación, comodidad, lástima, deseo, capricho.

Un pedacito de ti, con un pedacito… ¿De quién?

                                                                                                                            Lucía Olivares.