domingo, 9 de febrero de 2014

Talón de Aquiles

        Él era una roca, un monumento a la belleza, al temple, a la sabiduría de sus antepasados; era una roca perfectamente moldeada, hermosa, firme, enorme. Era una roca, pero su talón de Aquiles era el corazón, y como la mitología griega no es un cuento (y aunque pareciera esto tampoco lo es), las flechas en la guerra siempre caen en el punto más vulnerable, y a él, a nuestra roca lo flecharon por ahí, le dieron directo al corazón.
El corazón era una parte mínima de su estructura, pero poco a poco su cuerpo fue perdiendo estabilidad, firmeza, carácter, valor… le dolía el corazón porque tenía enterrada una flecha que sólo pudo entrar en la única parte viscosa de su cuerpo y correr y correr y correr por todo lo que él representa, por toda esa roca, por todo ese hombre, por toda esa belleza, por toda esa sabiduría que se había convertido en enciclopedia vieja e inútil.
Él era el monumento más desafortunado del mundo. Un monumento que tiembla al silbar de un niño, un monumento que se cae si hace frío, un monumento con grietas, que si lo ves de lejos sigue siendo hermoso, sigue siendo grande, sigue siendo fuerte, pero si te acercas te pones a pensar… “Pobrecita roca, ¿Qué le habrá pasado?” y tal vez pasó que un día, algún turista llevaba consigo una pluma que no servía y la lanzó por ahí sin saber que entraría a un corazón nuevo, a un corazón que apenas salía de su empaque y que no supo reaccionar y que duele mucho todavía y que como sus manos son rocas no han podido sacar eso que trae ahí adentro y que tampoco puede ver porque no puede agachar la cabeza, ni puede llamar a un doctor porque es una roca y no habla, es una roca que no puede correr, es una roca que se está derrumbando porque le dieron en el corazón. ¿Qué vamos a hacer?
 
Nuestra roca no se va a derrumbar…
Mi talón de Aquiles es el corazón, pero yo prefiero andar cojeando que llorando.
 
.
Foto by Elvira Ollivier
 
 
Lucía Olivares
@Olivareslucia
 

jueves, 30 de enero de 2014

Platiquemos...


         Este martes entrevistaba a Miguel Ángel García, el tema: Resiliencia y empatía. Explicaba que el primer principio de la resiliencia es no tomar decisiones en un estado emocional inconveniente, luego de esto Miguel Ángel me preguntó: ¿sabes cuál es el estado emocional más peligroso para la toma de decisiones?
El enojo, pensé.
No, el amor… respondió.

Parece lógico, ¿no? La mayor cantidad de tonterías se hacen en nombre del amor, es un estado de locura, de pérdida del raciocinio, de pasión desenfrenada, de fe, de ilusión.
¿Qué decisiones tomamos cuando estamos bajo las riendas del amor? Huimos, dejamos lo que tenemos, lo que construimos con el tiempo, duplicamos nuestra vida, gastamos dinero, nos golpeamos, compramos boletos de avión, conducimos a gran velocidad, tomamos alcohol, hablamos más alto, renunciamos a nuestro trabajo, a nuestra libertad, nos aventamos al mar sin saber nadar, caminamos en una ciudad desconocida, dejamos de comer, mentimos, nos escondemos, nos quitamos la vida…

Las mayores guerras se han dado en nombre del amor, y ya bien dijo Jorge Melguizo en su visita a La Laguna "La solución no está en las armas... toda guerra es pérdida para la humanidad".

El amor es como una vitamina cuando estás cansado; el amor hace que tus manos tiemblen cuando tomas algo; el amor te hace sonreír cuando deberías parecer molesto; el amor te mantiene todo el tiempo ocupado, pero no te cansa; el amor viene acompañado de Alzheimer, te hace olvidar las miles de veces que has perdonado; el amor te vuelve incongruente; el amor te hace un poco más pequeño y luego un poco más grande.


Siempre elige la emoción, la cabeza prácticamente está de adorno todo el tiempo... ¿Como el apéndice? Con que no nos enfermemos y tengan que arrebatárnolo, dejando una marca perpetua en nuestro cuerpo y luego, tengamos que comer nieve como locos obsesivos para cerrar la herida.


¿Qué vamos a hacer?, ¿Nos rendimos de una vez por todas? Es de valientes aceptar la cobardía. Yo soy muy cobarde, a veces, sólo a veces. Soy valiente casi todo el tiempo, pero para qué nos hacemos tontos, la cabeza sirve para algunas cosas, la cabeza sirve en el trabajo, en el colegio, en los negocios y bueno, en algunas estrategias para obtener lo que queremos, la verdad es que siempre me funciona, siempre me sale bien, pero ya lo dijo Quino alguna vez:  

¿Y saben qué? Yo también.


Lucía Olivares.
@Olivareslucia.


jueves, 23 de enero de 2014

¿Qué nos hemos creído?

¿Qué nos hemos creído? ¿Dios?
 
La vida es injusta... lo decimos todos los días partiendo de un egoísmo tremendo, nos sentimos tan “pobrecitos”, tan víctimas, tan boquita hacia abajo, que después creemos que hay que tomar fuerza y luchar por nuestros derechos, hacer valer la ley que no es más que la idea de unas cuantas (muy pocas) personas frente a cierto hecho. Llevado al extremo pasamos de víctimas a rufianes, de corderos a hienas sin gracia... o con gracia.
 
Luego, aparecen personas que violan en grupo a mujeres para ejercer la ley, hombres que son condenados a muerte en un país que no es el suyo, personas que le disparan a otra porque estorba en su camino, gente que vive tras las rejas durante veinte o treinta años porque alguien lo condenó justa o injustamente... eso ya ni importa; personas que son tachadas de asesinas porque van de cacería, porque les gusta la tauromaquia o porque... comen carne.
¿Qué nos hemos creído? ¿Una deidad?
 
Algunos juzgamos “sin hacer daño” al que tiene dos novios a la vez, a quien ama a otro de su mismo sexo, a quien no trabaja, a quien lo hace en exceso, y ahí viene la larga lista de excesos que no pretendo desglosar, un pergamino que no quiero pisar. ¿Qué nos hemos creído? ¿Intachables? ¿Perfectos? ¿Alienígenas?
 
Los titulares: "India: violan en grupo a una mujer como castigo por enamorarse."
 
¿Quién les dijo que hicieran justicia? ¿Quién pretende sanar un corazón con un alma pisoteada? ¿Quién dijo que el abuso sexual sanaba? ¿Quién dijo que la pena de muerte revive? ¿Quién dijo que quien mata a una vaca puede matar a su hermano? ¿Qué nos hemos creído?
 
Enfrentamos la injusticia con injusticia y al amor con desamor.
 
Soy de las que dicen que la vida es injusta, soy de las tantas personas que ha pensado que debe resignarse a un mundo injusto; pero hoy no me importa si la vida es justa o injusta, porque no me gusta lo que la gente llama injustica, pero tampoco me gusta lo que la gente llama justicia.
 
 
Lucía Olivares.
@Olivareslucia

lunes, 30 de diciembre de 2013

Las alas están abiertas ya

    Las alas están abiertas ya, hay historias que terminan, círculos libres de vicios, alivios verdaderos, suspiros eternos. Están las personas que se iban, las que no regresaban, las que no sé si estarán, las que no sé si se van; estoy yo, aquí por ahora, por un tiempo, hasta mañana, sólo sé que no por siempre. Está mi cuerpo cada vez más pequeño, pero más fuerte; se pone de manifiesto su estructura y la gente lo señala ¿y qué? Soy ágil, ligera, libre, bailo, salto y caigo de pie. El corazón está abierto ya y la gente lo señala ¿y qué? la inspiración me abraza, sonrío cuando duermo, tengo buenos deseos, me sonrojo, me emociono y tengo esperanza, y la tengo siempre conmigo.

La cabeza está abierta ya, y la gente lo señala ¿y qué? Me da vida, vuelo, volamos, me siento útil, aplaudo, también tengo miedo, me canso, me enojo, lloro, pero me seco las lágrimas y vuelvo a sonreír. Los ojos están abiertos ya y la gente lo señala ¿y qué? No se necesita ser vidente, entiendo, lo noto, observo y si no me gusta lo que veo lo digo o me alejo.

Mis labios están abiertos ya para decir ¡GRACIAS! Por un año maravilloso al que no le debo nada, un año que termino más ilusionada que nunca, con la culminación de mi carrera, con el corazón, las alas, la cabeza, los ojos y los labios abiertos; con la esperanza de continuar lo que ahora empiezo y tener el corazón iluminado, aún cuando se vaya la luz.




Lucía Olivares.
@Olivareslucia

miércoles, 30 de octubre de 2013

El amor desata

 
 
        Ni siquiera está, pero cómo está. Ni siquiera lo veo, pero cómo lo veo. Ni siquiera sé si existe el tiempo, pero en este caso cómo ha pasado lento. Ha sido como estirar el brazo para alcanzarlo y no lograrlo, estar en lugares distintos, aunque en el mismo espacio; una reja, tres señoritas, una ventana, todo se interpone. Maldita sea.
 
La geografía, eso parecía ser más sencillo en el colegio, el globo terrestre se recorre tan fácil con los dedos y los míos aún no tocan nada, no sienten nada, no viven nada, nada, nada, nada. Unos minutos, ¡anda, unos minutos! En que mi brazo sea más largo y lo alcance, en que el salón se achique, la distancia se acorte y no se vaya tan rápido, sólo eso. Ahora sin accidentes, sin carambolas, ¡no, no! Eso hace dulce al amor, eso hace, mejor dicho… el amor
 
El amor no ata, el amor desata.
 
Y sin ataduras vuelas, vas y cumples tus sueños. Paseas por el mundo y si quieres regresas, tal vez yo contigo, tal vez yo sin ti. En el amor hay tacto, pero no dedos que fungen como candados, no un pie frente al otro para que no pases, en el amor no hay brazos cortos, estos deben ser largos, en el amor hay miradas, pensamientos; en el amor hay de todo, aunque algunos no tengan nada.
 
 
Ni siquiera está, pero cómo está, porque sé bien que el amor no ata, el amor desata.
 
 
 
 
 
 
   
Lucía Olivares
@Olivareslucia

martes, 15 de octubre de 2013

No era una santita


Santa, una novela del autor mexicano Federico Gamboa.

El nombre es antónimo de su vida; es prostituta, primero por decisión del destino, luego por amor al trabajo.
El pianista de la casa de citas era ciego y se enamoró, no poco a poco, sino rápidamente de ella.

Hipo quería a Santa con sus cuatro sentidos, con su entero corazón y con su entero cuerpo desgraciado. Santa  le cobrara un afecto extraño, más que simpatía y mucho menos que amor. Claro, estaba rodeada de hombres poderosos, pasionales, adinerados, de esos que parece que se rodean de lámparas maravillosas, piden algo y se les concede al chasquido de sus dedos. Santa sentía con la cabeza e Hipo veía con el corazón encendido y la cabeza apagada.

¡El que de verdad ama, nunca se cansa de aguardar, hágase pagar a peso de oro! … bajo ese precepto, ni Santa amaba y mucho menos la amaban… “hágase pagar a peso de oro”.

Un día Hipo le pidió a su amigo Jenaro que le hablara de ella, que le describiera a la Santa …píntamela de palabra, facción por facción.

-          ¡Santita tiene los ojos de venada, negros también y como almendras, pero si los viera   usted…!
-          Volvería a cegar – declaró Hipólito, profético.

Hipo amaba tanto con cuatro sentidos... ¿Qué nos da la vista que nos deja ciegos?, ¿Qué es eso que no queremos ver?, ¿O será que en la obscuridad se imagina mejor? Las manos se convierten en ojos y qué bien ven, el oído es la mayor fuente de imaginación y qué bien sueña, el olfato es una gran guía y qué bien camina, el gusto a veces es un lujo y cómo grita.
En ocasiones el nombre no dice absolutamente nada, como Santa, su nombre no responde a su personalidad, ni su rostro de virgen, ni sus ojos de venadito asustado; tampoco la ceguera de Hipo lo hace hermético o aislado. Su manera de amar parece perfecta, ¿verdad?


Tal vez su desbordante amor se enfermó igual que Santa, se contagió de egoísmo y se encaprichó con la obscuridad que abrazaba a la mujer, se alegró del fracaso de quien ama. No existe el amor perfecto, a veces la culminación, la obsesión, el desbordante encanto se convierte en egoísmo, como en este caso. Hipo sentía rabia, sentía celos de todos aquellos hombres que pasaron por encima de su Santa, ¿y él? ¿Cuándo le tocaría a él? Hipo al encontrar a su amada tan destrozada, tan enferma, tan poco capaz de seguir complaciendo a cuanto hombre le pusiera en frente unas monedas, se sintió feliz. Su desdicha, su tragedia se convertía en la realización de aquel hombre que aguardó durante meses esperando una caricia que llegaría como consecuencia de la desmejora de una mujer, de la mujer a quien ama. ¿Es ese un gran amor? Estoy confundida. Pensé que Hipo amaba diferente, luego recordé que es humano.

 Pero, niña ¡qué durezas traes! Si pareces de piedra, ¡Vaya una Santita!

 
Lucía Olivares
@Olivareslucia

martes, 17 de septiembre de 2013

Te lo regalaría

Frente a mí están tres floreros con orquídeas artificiales... son bonitas. A mi derecha, se encuentran cuatro masetas con orquídeas naturales.



Esta noche soy consciente de mis ojos, mi nariz, mi boca, mis pulmones, mi corazón, el hígado, los riñones, la matriz y mis oídos. Soy una orquídea natural.
La vida nos da todo (pero no a todos), tenemos habilidades, destrezas y talentos, y a veces, desembocan en mares de perdición. Pensaba en nuestra voz, ¿Qué decimos? ¿Qué hacemos con nuestra boca? si es un recurso humano, ¿por qué no decimos cosas valiosas?, ¿por qué no pronunciamos palabras hermosas?
Pensaba, también, en el corazón, ¿por qué lo relegamos como un traidor? ¿por qué le decimos idiota? si él es el que siente, ¡Imagina cómo lo lastimamos!
Pensaba en nuestro cuerpo, ¡Todo!
¿Qué hacemos con él? por qué no danzar, por qué no convertirlo en un ritual, en una obra de arte, una escultura, un espectáculo, por qué no devolver el favor, por qué no descubrir su belleza...
Y que mis ojos miren lejos y de frente.
Que mis oídos muevan mi cuerpo.
Que los pulmones me llenen de vida.
Que mi piel juegue a disfrazarse.
Que mis pies descubran.
Que mis manos sean poetas.
Que mis hombros sean cojines.
Mis mejillas el recibidor de la casa.
Mis piernas las alas.
Mis lunares estrellas.

Cuando doy un regalo, espero que hagan un buen uso de él.
No regalo una bolsa para que la llenen de basura. No regalo un abrigo para que lo usen de pijama. No regalo un coche para que se estrelle, ni una pulsera para que la rompan...
... tampoco regalaría una boca para maldecir, ni unas piernas para perseguir a alguien. No regalaría un corazón para que lo limiten, ni unas orquídeas para que no les pongan agua.


Lucía Olivares.
@Olivareslucia