lunes, 6 de abril de 2020

Y entonces, conectamos para siempre...


Y entonces, conectamos para siempre...
descubrí que el amor habla con los ojos
no importa si los labios permanecen cerrados
no importa si los hombros están echados al frente
no importa si los dedos se entrelazan
el amor se encuentra en las miradas.

Dicen, que lo que nos une es lo que luego nos separa.
Yo lo recuerdo jugando con el tiempo, distraído y sonriente
y me veo a mi absorta, sonriendo desde el alma al verlo
desde entonces y hasta ahora
Y entonces, conectamos para siempre...

La vida solía ser más sencilla
los problemas eran chiquititos
y el tiempo nos daba para caminar, jugar, comer, sin preocupaciones
tanta inocencia entre ese cariño mudo
que nunca fue expresado con palabras, solo con miradas

La vida solía ser más sencilla
él admirando la forma en que la enfrento
yo admirando la forma en que la enfrenta
nos decimos tan distintos... yo nos veo tan similares
cada uno con sus propios miedos

Y nos veíamos pasar y sonreíamos
y nos deteníamos a platicar de todo, de nada
y en mi casa se habla de él siempre en diminutivo
no porque sea chiquito, si no para representar el cariño
el brillito que tiene en los ojos y la dicha de topártelo en el camino.

Y entonces, conectamos para siempre...
y la vida nos puso de nuevo en el mismo camino
y encontré en su pecho mi soporte, el tiempo se detuvo
se detuvo todo, y esperé paciente... diez años después para hablarle con la boca
teníamos miedo de lastimarnos
por ese mismo miedo habíamos elegido el distanciamiento
sin entender que el amor es una construcción de todos los días
y que la vida ya no es tan sencilla como en la pubertad
y que el tiempo tal vez no nos dé para caminar, jugar y comer, sin preocupaciones

y decidimos estar prometiéndonos frenar cuando no funcionara más
qué tontos somos aveces...
porque cuando sentimos que no funciona es cuando viene el verdadero sentido de la pareja
construir y reconstruir mil veces en amor
no equivocaremos infinitas veces
creeremos tener la razón infinitas veces
lloraremos uf! Muchas veces, pero también habrá risas... siempre hay
La vida es bella

Y entonces, conectamos para siempre...
nadando cada uno en una nube distinta
pensándonos, sintiéndonos, buscándonos
dejando que la historia se repita porque algo desconocido ocurrió
no sé para qué nos alcance este amor
tal vez para vernos caminar y sonreirnos
tal vez para hablar de nuestra vida y aconsejarnos
tal vez para reír a ratos
tal vez, para llorar, enojarnos, distanciarnos, hablarnos, reirnos,
levantarnos, tropezarnos, reconstruirnos
tal vez, para estar y hacer que otros existan

A agradecer la existencia, a actuar, lejos de pensar tanto,
a no darme por vencida, a amar con libertad, me enseñaste tú
Y entonces, conectamos para siempre...



Lucía Olivares
@Olivareslucia





miércoles, 20 de noviembre de 2019

El reacomodo es permanente y necesario




Lucía Olivares

@Olivareslucia


           El reacomodo es permanente y necesario. Crecer duele y en el proceso te deformas, te sientes extraño, te golpeas porque tus dimensiones cambian, subes y bajas. A veces sientes la necesidad de compartirlo, a veces no tienes que hacerlo porque se ve, algunas otras la “gente” cree que eres un roble aunque te sientas una rama. La vida es para los valientes y a todos nos toca pasar por muchas malas cuando vivimos conscientes.

He descubierto que volver a empezar es más difícil que cerrar, es ahí donde te das cuenta de las huellas del pasado, pero, la vida así va: terminar y comenzar.

Crecemos y descubrimos que los pantalones ya no nos quedan, son los favoritos, los que tienen estoperoles en los costados, los que nos regalaron en ese cumpleaños especial, pero ya no nos quedan y me aferro a ellos aunque me aprieten, aunque el botón esté forzado, aunque siento que me ahogo. Ya no cabes, corazón, date cuenta. Y es que, despedirse duele; creo que no he descubierto una sensación más dolorosa… todavía. ¿Cómo le dices adiós a lo que tanto quieres? ¿Cómo te alejas por voluntad de aquello que te ha acompañado?, ¿cómo llegas un día y le dices “Gracias, pero, ya no”?

Escribía hace años: “qué difícil es crecer y darse cuenta”, hablaba de los compromisos que con la vida adquieres, el despertador, el teléfono convertido en oficina, el escritorio en desayunador, el día contabilizado en minutos… estaba olvidando lo más importante: Qué duro es crecer, reacomodarse, y reconocer que somos seres, por fortuna, cambiantes, y que la vida nos da la oportunidad de aprender, pero aprender en amor.

Durante mucho tiempo le temí a los desenlaces, qué podría ser peor que esa sensación de vacío, la clara interpretación de no ser útil para algo o alguien más, guardar en un cajón el montón de recuerdos que hayas acumulado, pensar que una sacudida lo arregla todo. Nadie nos dijo que lo verdaderamente complicado llega cuando quieres tomar la pluma y continuar tu historia, debes saber que lo vivido ya está impreso, no se borra, y esas sensaciones no se esfuman como el humo de un cigarro, o tal vez sí, se esfuman pero también se impregnan, y ese cajón de los recuerdos se va abriendo, a veces vas a dar ahí y pareciera que le ponen candado contigo dentro, entras y sales, sales y entras, y ahí vas luchando contra todos los cerrojos para crear una nueva experiencia y olvidarte de lo que te hizo daño. Hay personas que valen la desmemoria, que merecen la confianza y la oportunidad. Tú, por ejemplo.   

La vida es un camino, a veces hace frío, de repente mucho calor y tienes que irte desprendiendo de los guantes, el abrigo, la bufanda; a veces hay que subir montañas, y como es lógico, después habrá que bajarlas. Algunos paisajes son maravillosos, tanto que no cabe en ti la admiración, aunque también hay escenarios duros, de sequía y soledad. Ese camino lo vas haciendo tú y con el ritmo de tus pasos te vas encontrando a distintos transeúntes. Ellos, por su parte, también van diseñando su propia ruta, así que podrán acompañarte durante un kilómetro, un par de horas, por una región árida o un bosque encantado, incluso a algunos podrás verlos solo pasar. Todos forman parte de tu camino. En ocasiones se reúnen dos o más personas y deciden tomarse de la mano para continuar el viaje juntos, pueden soltarse ante la primera disputa entre izquierda o derecha, andar y al cabo de un tiempo recoger la bufanda y subir la colina mientras el otro descansa. Y es que, siempre estamos con quien en este momento va en nuestra misma dirección, la meta no es lo importante porque el camino es solo un camino, las conversaciones que tengas en el transcurso, la confianza convertida en aprendizaje, la sensación de tu mano enlazada con otra y la sonrisa que secunda una mirada cuando compartes bienestar, es lo que vale el camino, no la pena.
Hay que andar nuestro camino y acompañarnos de quienes vayan en nuestra misma dirección.








lunes, 25 de marzo de 2019

Por las amigas que me dejaste y los sueños que me devolviste…


Decía mi abuela que las amigas son lo mejor que tenemos; me parecía extraño, ¿cómo podían estar ellas por encima de la familia y la pareja? Tendría que revisar su historia, que ahora entiendo. Entiendo el valor y la fortaleza que te dan esas amigas que por tantos años creí perdidas. Es cuando te sientes sola, cuando crees que has perdido lo que te sostenía, cuando el piso parece frágil y hay que abrir las piernas buscando los cimientos para no caerse, cuando descubres que el equilibrio y la fuerza viven en ti, pero que si alguien sostiene tus antebrazos mientras te estabilizas, no caerás tantas veces, y reirás en los mareos, o tal vez llores, pero acompañada; tal vez llores mientras alguien te sirve un café o intenta convencerte de tomar o hacer lo que nunca has hecho, y la experiencia se convierte en algo más. Tal vez el teléfono comience ahora a sonar, curiosamente mucho más que antes; voces distintas y anécdotas siempre superables. Tal vez ahora las caminatas sean naturales, las calles y las ciudades sean pequeñas para tantos temas pendientes; los desayunos se conviertan en comidas y en las cenas te corran del lugar. Ahora ver una película sea una odisea y comer se convierta en el pretexto para compartir historias. Esos hombros chiquitos que sostienen tan bien, esas llamadas en las que siempre hay respuestas… y la paciencia, la bendita paciencia.

Decía mi abuela que las amigas son lo mejor que tenemos, yo agradezco ahora su presencia en la cercanía y la distancia. Me doy las gracias por dejarme sostener, por seguir confiando, por darme la oportunidad de perderme, de andar y perderme, de dejarme guiar y tomar riesgos mientras ellas sostienen mis antebrazos, a veces justo antes de la caída.

Nadie le preguntó a mi abuela qué soñaba, yo nunca lo hice, supuse que nada. Ahora creo imposible que una persona no sueñe y perverso que no te inviten a soñar.

A veces necesitamos del despojo para mirar hacia adentro y encontrar eso que realmente te hace sentir vivo A TI, cualquiera que sea tu nombre.

Te quise llenar de amor y me vacié de mí, me vacié contigo, nos vaciamos juntos, me llené de miedo, me llené de ti. El desagüe ha sido doloroso, ver correr el agua y sentir cómo el globo se desinfla, pero ¿sabes? Se llena, y vienen ellas y le soplan; soplas tú hacia adentro con cada respiración profunda para darte fuerza y poco a poco el piso se hace firme. Te descubres tomada de la mano como una red infinita que no se sueltan y no se dejan caer.



Lucía Olivares
@Olivareslucia

domingo, 27 de enero de 2019

Y si te vas a ir, no te demores




          Había momentos en que quería tomar mis cosas y salir corriendo. Tomar mis cosas… ¡olvídalo!, habría dejado todo lo que fuera una carga; los objetos con los que pretendías demostrarme tu cariño, y se iban apilando en un rincón de mi recámara  que me asfixiaba entre tanta soledad.

Si no me aventé por la ventana fue por miedo a hacerme daño… y mira. La permanencia selló todas puertas, todas las salidas de luz y me quedé atrapada mientras tú ibas y venías, mientras el espejo hablaba como tú. A veces gritaba, a veces tenía miedo de pasar frente a él,  pero si no, no me veía. Creía que mi lucha estaba en ese espejo, en que me encontraras perfecta como al inicio, “que el corazón me vieses deseaba”; pero lloraba, cada vez que me veía, cada vez que te veía, lloraba y tú no lo notabas. Lo real siempre fue invisible para ti, y ya no sé si lo mismo me ocurrió a mi.

Si te ibas a ir, ¿por qué tardaste tanto?. No sé si me alcance el tiempo para tirar todo esto y respirar de nuevo, no sé siquiera si esta casa existía o si sigo soñando. Una casa grande, la mansión que añoras, dime que no es esta porque apesta, dime que no es esta y que si te alejas te irás con ella, porque prefiero el Sol y la lluvia, porque aunque hace días que llueve, porque aunque hace días que tengo la tormenta instalada en la cabeza, puedo ver.  Y puedo ver gracias a ti porque me abriste la puerta; y entiendo así que sí me querías aunque sea un poquito, o tal vez querías tu casa para vivir con alguien más, para vivir contigo y dormir con alguien más. 
Es enorme, es muy bonita, pero no sé qué pasa que uno deja de respirar.

Por fortuna a mi no me sorprendían tus regalos, el espacio entre las cosas eran salidas de emergencia, y tu ausencia se hizo adicción, mi cabeza y mis labios repetían tu nombre. Y te necesitaba,  y no quería que te fueras, y estaba dispuesta a vivir en esa casa sin puertas ni ventanas, aunque no estuvieras tú, aunque no te inquietaran mis lágrimas, aunque no escucharas mi corazón, aunque no me detuviste cuando sabías que me estaba haciendo daño.

Yo sí tengo la capacidad de sentirte  y todas las noches me iba a la cama pensando si mañana sí o si mañana no; pensando también en todo lo malo que veías en mi y como yo, sorprendentemente, dejé de ver lo malo en ti.

¿Sabía que te irías? Yo creo que todas sabemos cuando nos van a romper el corazón, no importa lo que hagas, si se van a ir se van a ir, y aplazar el momento es lo peor que podemos hacer.

¿Que si llueve? Todavía llueve mucho
¿Que si me gusta mojarme? Lo odio
¿Que si extraño la casa? No me gusta mojarme
¿Que qué voy a hacer? Construir la mía con las cosas que yo misma me regale
¿Que si estaré sola? Estaré conmigo hasta que en mi casa haya espacio para dos

Ya sé lo que estás pensando, tu casa es más grande y más lujosa, tu casa tiene techos altos y muchos quisieran estar ahí. Ya sé lo que estás pensando, tu casa es más bonita, pero no se puede vivir ahí.

Cuando termine la mía te va a sorprender. 
Me encontrarás en la ventana con el Sol acariciándome la cara. 



Lucía Olivares
@Olivareslucia









sábado, 29 de diciembre de 2018

Para ti, bonita


         No persigas el adjetivo, bonita. Eres más que eso, más que el barniz en las uñas, más que el largo de las pestañas, más que el tiempo que le dedicas al mundo. Eres más que eso, bonita ¿Sabes? Eres bonita cuando respiras, eres hermosa cuando sonríes, eres preciosa cuando observas, eres encantadora cuando hablas, eres un remolino cuando te enojas; como si hubieses tomado el arcoiris, te envolvieras en él y de repente levitaras. Eres tan linda cuando te enojas y comienzas a llorar... haces que inevitablemente corra a abrazarte, y tú me rodeas con tus brazos y tus piernas, escondes tu cara bonita en mi cuello y siento tu respiración. Tus lágrimas mojan mi camisa y esa gota se evapora, pero lo que siento, lo que sentimos, no se va.

Eres bonita en ese y muchos otros momentos. Eres un poema cuando hablas de amor, eres la más bella melodía cuando dices te amo.

Incluso con el cabello alborotado, con los labios agrietados, con la piel acalorada y los zapatos desgastados, eres bonita.
Te lo juro. Lo eres.
Aunque los ojos brillen distinto cuando sonríes, y aunque prefiera la perfección de la dicha, eres bonita cuando esos faros se apagan ¿Sabes por qué?
Porque no eres de barro, bonita. Porque los humanos no somos tan simples como una pieza de cerámica que se pinta, porque no estamos huecos, porque yo no veo, porque siento. Porque sentirte, a pesar de todo, siempre es bonito. Porque te quiero.


Lucía Olivares
@Olivareslucia



domingo, 18 de noviembre de 2018

Doy lo que tengo



        Somos nuestros grandes maestros. Somos esa puerta al mundo posible que, entendámoslo de una vez, no es el mismo para todos. Así como las sensaciones térmicas difieren, así como la dulzura a algunos empalaga, así como las alturas a unos cuantos asusta, así como la belleza depende de la mirada, así como el amor se vive y se siente distinto.

Somos esa puerta al mundo posible que, entendámoslo de una vez, no es el mismo para todos. Nos hacen creer que es así por la lengua, las ocupaciones y los conceptos, pero créeme, duda de los te quieros dependiendo de la boca que los pronuncian, no son iguales a los tuyos. Duda de la rabia de tus amigos, tal vez tarden más en perdonar, o quizás con un grito hayan saciado su furia y puedan olvidar.

Aprende a vivir tus emociones, no te lastimes tratando de ocultarlas, ni intentando inútilmente que el mundo, que no te pertenece, entienda. Descúbrete y encuentra tus propias definiciones de amor, de entrega, de alegría, de compromiso, de tristeza, de enojo. Encuéntrate para que sepas lo que hay en ti, y por lo tanto, lo que eres capaz de dar. Date. Dale a tu mundo la inmensidad que te alcanza, porque lo que sentimos está dimensionado en lo que somos. “Cada quien da, no lo que quiere, sino lo que trae”. ¡Qué dolor y qué dicha traer tanto!...Qué tranquilidad y qué lástima traer tan poco.

Basta de intentar encasillar lo que sentimos. Basta de preguntas hacia afuera. Basta de definir a partir de lo que vemos. Basta de pretender que sentimos por lo que vemos, y no por nuestra mirada frente al otro. Piensa en tu obra de arte favorita y dime dónde has visto lo que ahí está plasmado, ¿no? ¿no lo has visto? Entonces ¿dónde lo has sentido? Porque aquí nada es fortuito, no sentimos al azar, sentimos con la intensidad de nuestro mundo, con la tinta que ha marcado nuestra historia. Basta de pretender que la vida es tan vana. Las cosas son cosas hasta que tú le das un valor; las personas son cuerpos hasta que tú le das un valor… el que te alcance. A mi me ha alcanzado para mucho ¿A ti?


Lucía Olivares
@Olivareslucia




domingo, 28 de octubre de 2018

El terrible vicio de pensar en mañana…


Por Lucía Olivares.

Podrá ser el día más soleado, pero me inquieta la nube obscura que veo al oriente. Si la lluvia se asoma mañana junto al Sol y humedece las paredes de mi casa, ¿cómo habré de solventar ese gasto que ignoraba? Aunque ahora el techo me proteja firme, pienso en la debilidad que podría albergar mañana.

Si estoy aquí, contigo, me ocupo en el terror de perderte, en la incertidumbre de tenerte, en la añorada y fugitiva permanencia. Si estoy aquí, a tu lado, veo tus manos para hacerlas eternas, mientras mi memoria registra la sensación que tu piel provoca con la mía; y ese único momento con un espacio y fecha irrecuperable se ve invadido por mis pensamientos futuristas. Y ya no es hoy, y ya no somos. Nos convertimos en una simulación de eternidad que no existe, porque todo comienza y termina, porque los colores cambian, la temperatura se modifica, el mundo gira, porque siempre ganamos y perdemos.

El consuelo ante el llanto de un amigo es el olvido y las risas del mañana, y nuevamente nos separamos de la emoción del ahora, de la tristeza que vives porque somos solo en tiempo presente; una versión distinta, una amalgama de factores externos que hacen estallar lo que no sabíamos que llevamos dentro.

Y soñamos, porque es un ejercicio fascinante, porque es un pincel más sólido para tapar lo tenue del instante, para ponerle alas a lo que parece un gusano… e imaginar el vuelo. Imaginar que vuelo, aunque ahora trote y esté cansado. ¿y si mañana el viento golpea fuerte y mis alas no son resistentes? Entonces temo. Incluso en los anhelos, temo.

Y es ese temor el que me paraliza, porque si estoy bien, quiero que esto sea una fotografía que pueda arrastrar por el tiempo para asegurar la compañía, la seguridad y la vida; pero si estoy mal, me convenzo del mañana cargado de posibilidades distintas.

Somos hoy. Dos personas que se miran sin saber si mañana los ojos pueden abrirse o se vuelvan a encontrar. Somos hoy. Dos personas que se sostienen con unas manos que no saben si volverán a tocar. Somos hoy. Dos personas que se reúnen en un punto y en un ápice del tiempo que no volverá a existir. Somos hoy. Renaciendo a cada instante, dándole al otro algo irreemplazable, dándote vida en cada respirar. Somos hoy. Esa tristeza que te invade el pecho, eres tú, y tú te dueles hoy, mañana no importa. Somos las risas y los amores de hoy. Cada quien respira a su ritmo, cada quien nace y muere, cuando tiene que nacer y cuando tiene que morir. Somos las risas y los amores de hoy… de cada día.

Soy este momento en que vierto lo que mi corazón y mi cabeza guardan. Soy mi capacidad para desear, para soñar, para decir, para abrazar, para llorar, para reír. Soy hoy… con el terrible vicio de pensar en mañana.



@Olivareslucia