domingo, 27 de enero de 2019

Y si te vas a ir, no te demores




          Había momentos en que quería tomar mis cosas y salir corriendo. Tomar mis cosas… ¡olvídalo!, habría dejado todo lo que fuera una carga; los objetos con los que pretendías demostrarme tu cariño, y se iban apilando en un rincón de mi recámara  que me asfixiaba entre tanta soledad.

Si no me aventé por la ventana fue por miedo a hacerme daño… y mira. La permanencia selló todas puertas, todas las salidas de luz y me quedé atrapada mientras tú ibas y venías, mientras el espejo hablaba como tú. A veces gritaba, a veces tenía miedo de pasar frente a él,  pero si no, no me veía. Creía que mi lucha estaba en ese espejo, en que me encontraras perfecta como al inicio, “que el corazón me vieses deseaba”; pero lloraba, cada vez que me veía, cada vez que te veía, lloraba y tú no lo notabas. Lo real siempre fue invisible para ti, y ya no sé si lo mismo me ocurrió a mi.

Si te ibas a ir, ¿por qué tardaste tanto?. No sé si me alcance el tiempo para tirar todo esto y respirar de nuevo, no sé siquiera si esta casa existía o si sigo soñando. Una casa grande, la mansión que añoras, dime que no es esta porque apesta, dime que no es esta y que si te alejas te irás con ella, porque prefiero el Sol y la lluvia, porque aunque hace días que llueve, porque aunque hace días que tengo la tormenta instalada en la cabeza, puedo ver.  Y puedo ver gracias a ti porque me abriste la puerta; y entiendo así que sí me querías aunque sea un poquito, o tal vez querías tu casa para vivir con alguien más, para vivir contigo y dormir con alguien más. 
Es enorme, es muy bonita, pero no sé qué pasa que uno deja de respirar.

Por fortuna a mi no me sorprendían tus regalos, el espacio entre las cosas eran salidas de emergencia, y tu ausencia se hizo adicción, mi cabeza y mis labios repetían tu nombre. Y te necesitaba,  y no quería que te fueras, y estaba dispuesta a vivir en esa casa sin puertas ni ventanas, aunque no estuvieras tú, aunque no te inquietaran mis lágrimas, aunque no escucharas mi corazón, aunque no me detuviste cuando sabías que me estaba haciendo daño.

Yo sí tengo la capacidad de sentirte  y todas las noches me iba a la cama pensando si mañana sí o si mañana no; pensando también en todo lo malo que veías en mi y como yo, sorprendentemente, dejé de ver lo malo en ti.

¿Sabía que te irías? Yo creo que todas sabemos cuando nos van a romper el corazón, no importa lo que hagas, si se van a ir se van a ir, y aplazar el momento es lo peor que podemos hacer.

¿Que si llueve? Todavía llueve mucho
¿Que si me gusta mojarme? Lo odio
¿Que si extraño la casa? No me gusta mojarme
¿Que qué voy a hacer? Construir la mía con las cosas que yo misma me regale
¿Que si estaré sola? Estaré conmigo hasta que en mi casa haya espacio para dos

Ya sé lo que estás pensando, tu casa es más grande y más lujosa, tu casa tiene techos altos y muchos quisieran estar ahí. Ya sé lo que estás pensando, tu casa es más bonita, pero no se puede vivir ahí.

Cuando termine la mía te va a sorprender. 
Me encontrarás en la ventana con el Sol acariciándome la cara. 



Lucía Olivares
@Olivareslucia









sábado, 29 de diciembre de 2018

Para ti, bonita


         No persigas el adjetivo, bonita. Eres más que eso, más que el barniz en las uñas, más que el largo de las pestañas, más que el tiempo que le dedicas al mundo. Eres más que eso, bonita ¿Sabes? Eres bonita cuando respiras, eres hermosa cuando sonríes, eres preciosa cuando observas, eres encantadora cuando hablas, eres un remolino cuando te enojas; como si hubieses tomado el arcoiris, te envolvieras en él y de repente levitaras. Eres tan linda cuando te enojas y comienzas a llorar... haces que inevitablemente corra a abrazarte, y tú me rodeas con tus brazos y tus piernas, escondes tu cara bonita en mi cuello y siento tu respiración. Tus lágrimas mojan mi camisa y esa gota se evapora, pero lo que siento, lo que sentimos, no se va.

Eres bonita en ese y muchos otros momentos. Eres un poema cuando hablas de amor, eres la más bella melodía cuando dices te amo.

Incluso con el cabello alborotado, con los labios agrietados, con la piel acalorada y los zapatos desgastados, eres bonita.
Te lo juro. Lo eres.
Aunque los ojos brillen distinto cuando sonríes, y aunque prefiera la perfección de la dicha, eres bonita cuando esos faros se apagan ¿Sabes por qué?
Porque no eres de barro, bonita. Porque los humanos no somos tan simples como una pieza de cerámica que se pinta, porque no estamos huecos, porque yo no veo, porque siento. Porque sentirte, a pesar de todo, siempre es bonito. Porque te quiero.


Lucía Olivares
@Olivareslucia



domingo, 18 de noviembre de 2018

Doy lo que tengo



        Somos nuestros grandes maestros. Somos esa puerta al mundo posible que, entendámoslo de una vez, no es el mismo para todos. Así como las sensaciones térmicas difieren, así como la dulzura a algunos empalaga, así como las alturas a unos cuantos asusta, así como la belleza depende de la mirada, así como el amor se vive y se siente distinto.

Somos esa puerta al mundo posible que, entendámoslo de una vez, no es el mismo para todos. Nos hacen creer que es así por la lengua, las ocupaciones y los conceptos, pero créeme, duda de los te quieros dependiendo de la boca que los pronuncian, no son iguales a los tuyos. Duda de la rabia de tus amigos, tal vez tarden más en perdonar, o quizás con un grito hayan saciado su furia y puedan olvidar.

Aprende a vivir tus emociones, no te lastimes tratando de ocultarlas, ni intentando inútilmente que el mundo, que no te pertenece, entienda. Descúbrete y encuentra tus propias definiciones de amor, de entrega, de alegría, de compromiso, de tristeza, de enojo. Encuéntrate para que sepas lo que hay en ti, y por lo tanto, lo que eres capaz de dar. Date. Dale a tu mundo la inmensidad que te alcanza, porque lo que sentimos está dimensionado en lo que somos. “Cada quien da, no lo que quiere, sino lo que trae”. ¡Qué dolor y qué dicha traer tanto!...Qué tranquilidad y qué lástima traer tan poco.

Basta de intentar encasillar lo que sentimos. Basta de preguntas hacia afuera. Basta de definir a partir de lo que vemos. Basta de pretender que sentimos por lo que vemos, y no por nuestra mirada frente al otro. Piensa en tu obra de arte favorita y dime dónde has visto lo que ahí está plasmado, ¿no? ¿no lo has visto? Entonces ¿dónde lo has sentido? Porque aquí nada es fortuito, no sentimos al azar, sentimos con la intensidad de nuestro mundo, con la tinta que ha marcado nuestra historia. Basta de pretender que la vida es tan vana. Las cosas son cosas hasta que tú le das un valor; las personas son cuerpos hasta que tú le das un valor… el que te alcance. A mi me ha alcanzado para mucho ¿A ti?


Lucía Olivares
@Olivareslucia




domingo, 28 de octubre de 2018

El terrible vicio de pensar en mañana…


Por Lucía Olivares.

Podrá ser el día más soleado, pero me inquieta la nube obscura que veo al oriente. Si la lluvia se asoma mañana junto al Sol y humedece las paredes de mi casa, ¿cómo habré de solventar ese gasto que ignoraba? Aunque ahora el techo me proteja firme, pienso en la debilidad que podría albergar mañana.

Si estoy aquí, contigo, me ocupo en el terror de perderte, en la incertidumbre de tenerte, en la añorada y fugitiva permanencia. Si estoy aquí, a tu lado, veo tus manos para hacerlas eternas, mientras mi memoria registra la sensación que tu piel provoca con la mía; y ese único momento con un espacio y fecha irrecuperable se ve invadido por mis pensamientos futuristas. Y ya no es hoy, y ya no somos. Nos convertimos en una simulación de eternidad que no existe, porque todo comienza y termina, porque los colores cambian, la temperatura se modifica, el mundo gira, porque siempre ganamos y perdemos.

El consuelo ante el llanto de un amigo es el olvido y las risas del mañana, y nuevamente nos separamos de la emoción del ahora, de la tristeza que vives porque somos solo en tiempo presente; una versión distinta, una amalgama de factores externos que hacen estallar lo que no sabíamos que llevamos dentro.

Y soñamos, porque es un ejercicio fascinante, porque es un pincel más sólido para tapar lo tenue del instante, para ponerle alas a lo que parece un gusano… e imaginar el vuelo. Imaginar que vuelo, aunque ahora trote y esté cansado. ¿y si mañana el viento golpea fuerte y mis alas no son resistentes? Entonces temo. Incluso en los anhelos, temo.

Y es ese temor el que me paraliza, porque si estoy bien, quiero que esto sea una fotografía que pueda arrastrar por el tiempo para asegurar la compañía, la seguridad y la vida; pero si estoy mal, me convenzo del mañana cargado de posibilidades distintas.

Somos hoy. Dos personas que se miran sin saber si mañana los ojos pueden abrirse o se vuelvan a encontrar. Somos hoy. Dos personas que se sostienen con unas manos que no saben si volverán a tocar. Somos hoy. Dos personas que se reúnen en un punto y en un ápice del tiempo que no volverá a existir. Somos hoy. Renaciendo a cada instante, dándole al otro algo irreemplazable, dándote vida en cada respirar. Somos hoy. Esa tristeza que te invade el pecho, eres tú, y tú te dueles hoy, mañana no importa. Somos las risas y los amores de hoy. Cada quien respira a su ritmo, cada quien nace y muere, cuando tiene que nacer y cuando tiene que morir. Somos las risas y los amores de hoy… de cada día.

Soy este momento en que vierto lo que mi corazón y mi cabeza guardan. Soy mi capacidad para desear, para soñar, para decir, para abrazar, para llorar, para reír. Soy hoy… con el terrible vicio de pensar en mañana.



@Olivareslucia



lunes, 17 de septiembre de 2018

¿Qué es yoga para mi?



          Mi idea de yoga se limitaba a un tipo de ejercicio tranquilo, pausado, que te permitía relajarte, estar en equilibrio y fortalecer los músculos con tu propio cuerpo. Mi concepto definitivamente se quedaba muy corto. Con Mónica Cervantes y Frank, en Vida Yoga, descubrí que nuestro cuerpo es una respuesta a lo que llevamos dentro, no únicamente por debajo de la piel, sino que es también un dictado de nuestros pensamientos, un dibujo de nuestras emociones, una escultura de nuestro estilo de vida, y un reflejo del alma.

Es admirable vivir el yoga como una filosofía de vida, y no solo practicando asanas. La época, el entorno, la sociedad consumista de la que formamos parte, lejos de permitirnos avanzar como especie, nos retrasa en el sentido de vida del ser humano. Creemos que la tecnología resolverá cualquier inconveniente que se nos presente, olvidando el pensamiento lógico y esperando que el problema llegue para resolverlo, y no evitar que el problema mismo se presente.

Con cada respiración, con cada segundo consciente disfrutando el presente, me doy cuenta de que estoy viva, que mi mente vuela y es porque estoy viva, que a veces estoy incómoda, que a veces estoy en paz, que tengo mucho por resolver, que sueño mucho, que pienso mucho también; pero ese momento, en la vivencia del yoga, tengo la oportunidad de vivir a mi ritmo, no en automático, y experimentar lo más cercano a la paz, al silencio, el sonido latente de mi cuerpo. Escuchar la respiración de mis compañeros y sentirme acompañada… en silencio.

Vivimos en este cuerpo que nos habla de muchas formas, todos los días. Vivimos en él y no lo escuchamos, no lo aquietamos, no lo cuidamos, no le agradecemos el ser el carruaje de nuestro ser.

Creo que YOGA es un culto, una prueba fehaciente de que estamos agradecidos con la naturaleza, con nuestra deidad y nuestro cuerpo por mantenernos aquí; es también reconocernos parte de un mundo imperfecto al que podemos arropar con nuestros deseos, con pensamientos positivos, con actitudes de bondad, compartiendo la bonito que surge de nosotros, aceptando lo que no suma y dejarlo pasar.

Siento que yoga es un estado de armonía… o ese ejercicio, ese intento por regresar todos los días a mi centro, encontrar mi paz, agradecer y trabajar para convertirme en una persona que aporte positivamente a la sociedad.


Lucía Olivares
@Olivareslucia



domingo, 2 de septiembre de 2018

Carta a mi compañero de vida



Te quiero mucho. Sé que a veces no lo notas, pero te quiero mucho. Gracias a ti siento el Sol abrazarme por las tardes, esa caricia que a tantos desagrada y para mí es una cobija tersa. Por ti salgo de casa cubriéndome con todo lo que de paso recojo, olvidando las combinaciones, el ridículo o la armonía; nada importa, porque sé cómo vives el frío, y no te quiero hacer sufrir.

Te quiero mucho. Sé que a veces no lo notas, pero siempre te he defendido cuando la gente te mira diciendo que eres débil, pequeño y angosto, porque para mí has sido fuerte, me has dado agilidad, me has llevado, te he llevado, nos hemos llevado a los sitios que queríamos conocer; has soportado tanto de mí y he confiado tanto en tu fortaleza, que por algunos momentos olvido que estás cansado, hasta que la cabeza comienza a doler, el moco aparece y la tos me pide a gritos detenerme.

Me hablas tanto… me cuidas tanto…

Cuando te enojas inflas mi parte abdominal, y yo tiendo a molestarme porque te pones en huelga y hay mucho por hacer. Desde hace tiempo lloras, aunque sea un poquito, por la mañana cuando te acercas al papel, ya sé que estás de pie desde muy temprano, que los ojitos se te secan de repente y que tiendes a marearte cuando te sientes agotado.

Me hablas tanto…  me tienes tanta paciencia…

Te quiero mucho. Sé que a veces no lo notas porque no te agradezco, como debería, la oportunidad que me das de andar, de ser libre, de abrazar otros cuerpos y a través de ellos sus almas; de escuchar el viento en las mañanas; de oler las fragancias que me pausan: de hablar para vaciar mis emociones, de hablar y hacer con la voz que tú produces un servicio social; de ver borroso desde lejos y percibir cada minúsculo detalle si me acerco; de disfrutar cada manjar que la vida misma nos ofrece. Tú me das la oportunidad de sentir ¡y mira! apenas hoy te lo agradezco.

Gracias por permitirme habitar tu perfección.

Gracias por la vida que empieza y termina.

Prometo cuidarte, defenderte y quererte siempre… porque contigo llegué y contigo me iré.



Lucía Olivares
@Olivareslucia


jueves, 9 de agosto de 2018

¡Qué duro es crecer y darse cuenta!


Lucía Olivares
@Olivareslucia

Cierro los ojos mientras mi mente danza con estruendosa música, me recargo hacia la derecha, luego de un par de minutos opto por el lado contrario, acomodo la almohada y el zapateado de mi mente se acentúa, me enderezo, abro los ojos y me concentro en el movimiento del ventilador, en el sonido delicado que provoca, en la sensación de que la velocidad lo hará desprenderse del techo. Tengo frío, pero si lo apago dejaré de depositar mi atención en él y volveré a escuchar lo que me aqueja. Ya no quiero. Necesito dormir.

¡Qué duro es crecer y darse cuenta!

La alarma está sonando, son las cinco con cuarenta, ya está mi lista de pendientes revoloteando la cabeza, mis pestañas se entrelazan para no abrir mis ojos nublados, me tiro de nuevo, muevo los labios para decir que nada importa, que necesito dormir, que el descanso no ha sido suficiente. Gasto cinco minutos más con el cuerpo lacio enredado entre las sábanas… el celular vuelve a sonar, ahora cerca de mi cara. Me siento en la cama, me quejo un poco, solo un poco, respiro profundo y pongo el pie derecho a conciencia sobre el suelo por aquello de las supersticiones. El agua caliente le avisa a mi cuerpo que hay mucho por hacer, y a partir de ese momento todo se convierte en una lucha contra el reloj. Me cepillo el cabello y miro el reloj, me pongo los zapatos y miro el reloj, preparo el desayuno y miro el reloj, prendo el coche y miro el reloj, siempre tarde, nunca sé por qué.

¡Qué duro es crecer y darse cuenta!

Hay otro reloj del que habla la gente, parece que ese es más cruel y va más rápido, dicen que cuenta los años, no los minutos, y que solo mide el tiempo de las mujeres. Resulta que el estómago también presenta ciertos cambios, que se enoja contigo cuando la pasas mal o te mal pasas… que no es lo mismo. La piel se mancha o se seca, va dejando marcas permanentes por sus movimientos habituales.
La mesita de noche cada vez más llena, de pastillas, chochos y ungüentos, de libros que he de leer, pero “no he podido”, de canciones que he de escribir, tesitos que debo tomar, de llamadas que contestar y todo lo que cabe en un celular.

¡Qué duro es crecer y darse cuenta!

Ese celular, luego de una hora sin prestarle atención, me indica que la gente quiere hablar conmigo, o que hay mucho por resolver aunque pasen de las once de la noche. La rodilla duele un poco, a veces cuando camino, a veces cuando me hinco… la rodilla duele un poco y no es por culpa de la edad. Organizar un café requiere precisión, pero sobre todo ganas, ganas de ceder, de regalar lo que creemos es tiempo ocupado por las labores de rutina. Asistir a una cita de café es una muestra de amor que solo brindo los domingos por la mañana, o los lunes cuando se mete el Sol. Detecto que una cerveza es más fácilmente aceptaba, no sé, tal vez el alcohol sí aumente el amor.

Qué duro es crecer y darse cuenta que la libertad que tanto anhelas de niño no es tan fácil de operar

Qué duro es crecer y darse cuenta que ya casi son las doce y mañana hay que madrugar

Qué duro es crecer y darse cuenta que cada quien crece a su ritmo, y que a veces no puedes esperar

¡Qué duro es crecer!, pero es más duro darse cuenta.